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El mundo actual, mundo en guerra

Contra el pronóstico de algún listo de turno, vea usted, todo parece indicar que la historia no ha terminado. Es más: ni se detiene, ni se repite, sino que sencillamente sigue el rumbo que mujeres y hombres le marcan.

 Frente al pesimismo y desencanto de millones de seres humanos honestos pero “derrotados”, frente a la indolencia y complicidad de aborregados y oportunistas y -sobre todo- frente a la desesperación de aquellos desposeídos a quienes incluso se les arrebató la ilusión de la victoria, cabe alguna reflexión sobre la realidad. 

Los múltiples reveses sufridos por los movimientos revolucionarios del mundo, el desmoronamiento del campo socialista y la inestimable labor de los traidores de clase, han contribuido a generar en los ámbitos militantes un desencanto y unos niveles de confusión, que muchas veces nos conduce a la desesperación y no menos veces al hartazgo. 

Así, cada cual hace su muy particular lectura de la realidad: “nada puede hacerse ya”, “hay que buscar la manera de mejorar lo que existe”, “hemos de esperar las condiciones”, “la culpa la tiene tal o cual ismo”, “es necesario revisar todoy un largo etcétera.  

Los pueblos, sin embargo, los verdaderos protagonistas de la historia están ahí para enseñarnos lo terca que la realidad resulta. La crisis que atraviesan las potencias imperialistas vuelve a empujarlas a la guerra de saqueo (nada demasiado difícil de ver).Los justificativos son bien conocidos por todos y el imperialismo se vale una vez más  de sus instituciones (OTAN, Consejos de Seguridad, etc.) para legitimar o llevar a cabo sus objetivos. Película ya vista. 

De todos modos, no son tan halagüeños los resultados de las “gestiones” imperiales para “democratizar” el planeta. Ante la barbarie de los cruzados yanquis, ingleses, españoles y demás cómplices, la resistencia iraquí, aparentemente desprovista de un programa revolucionario, un marco teórico, una dirección partidista y demás atributos que más de un listillo echaba de menos, relativizó -cuando no echó por tierra- las tesis sobre el poderío militar imperialista, volviendo a poner sobre el centro de la cuestión la voluntad popular y la posibilidad de luchar y vencer aun en la más adversa de las situaciones. Nada de paseos por el desierto para los poderosos. 

Algo similar puede decirse de la heroica lucha del pueblo palestino contra los criminales sionistas, y Afganistán tampoco es una excepción.  La guerra popular en Nepal, como ejemplo puntual, le dice al mundo que la sumisión de los pueblos es una ilusión -más deseo que realidad-, a la vez que nos enseña que hay métodos que no han caducado y que sí son adecuados para determinadas coyunturas, contra lo que afirman muchos “genios” de laboratorio o café. Ante la opresión de la oligarquía terrateniente, las fuerzas revolucionarias en Colombia libran una guerra de más de 40 años, en la que sus enemigos de clase han empleado a fondo todos los medios y los métodos más aberrantes - con el inestimable apoyo de los gringos- y, aun así, siguen fortaleciendo posiciones y creciendo en fuerzas.

 Los patriotas boricuas mantienen alta la bandera de la independencia y libertad en Puerto Rico. Cuba, con todos sus problemas, continúa siendo un referente moral para los pueblos, mientras Venezuela sigue profundizando cambios que continúan indignando a la oligarquía y a los “demócratas civilizadores”. Bolivia, por su parte, inaugura una etapa interesante, donde el protagonismo del pueblo puede ser importante. 

La derrota de los años 70 en el cono sur, las decenas de miles de desaparecidos y los bestiales crímenes contra los  pueblos no han impedido que las últimas décadas fueran testigo de las luchas populares más resueltas, sean ya de cocaleros, ferroviarios, piqueteros, docentes, parados o lo que fuese. 

En la vieja Europa, las cárceles albergan a una creciente población de presos revolucionarios (comunistas, anarquistas, nacionalistas entre otros) y el grito de libertad, muy lejos de ahogarse, escapa de las celdas de Turquía, Paris o el Estado español para ser oído por quienes no renuncian a la posibilidad de construir otra realidad. 

Los proletarios (sí, dejemos que sea el enemigo quien pervierta el lenguaje y lo despoje de su contenido) continúan, a pesar de los golpes y la falta inmediata de grandes proyectos, luchando con fuerza incombustible.  Otro tanto ocurre con estudiantes, inmigrantes y otras víctimas de la barbarie actual.  

Sería imposible sintetizar aquí el estado actual de cosas y hacer un diagnóstico acabado del momento histórico en qué vivimos. Sí interesaba en cambio dejar bien claro que, independientemente de lo que se diga, la inmovilidad no puede corresponder sino a una sesgada y parcial visión de la realidad, que necesariamente y en el mejor de los casos conduce al desanimo o a posiciones derrotistas.

 Hay un mundo en llamas para el que quiera abrir los ojos y un futuro no tan sombrío esperándonos, si decidimos tomar partido.

La universidad, antiutopía reaccionaria

Acostumbrados estamos quienes paseamos por esta universidad (y por todas) a encontrarnos stands de bancos, ETT’s y hasta del ejército; acostumbrados estamos a ser acosados y engañados por los pasillos debido a que una organización tan poco sospechosa de ilustración como el BSCH de Emilio Botín prima a sus trabajadores por cada cuenta bancaria que consigan abrir; a que monten bancos dentro de la propia universidad los mismos a los que pedimos hipotecas a 40 años para ejercer nuestro “derecho a la vivienda”; sin embargo, aún hay quien se traga el mito de la Universidad utópica, ese bonito cuento de hadas del espacio-universalista-donde-imparten-un-desinteresado-y-doctísimo-saber.

 Desde que éramos pequeños, desde que pisamos por primera vez la escuela, nos fueron enseñando todos sus dogmas, toda la historia escrita por los vencedores, desde el mito de la “Transición democrática” (lavado de cara de las estructuras económicas del franquismo) hasta el disparate pedagógico y lingüístico de que hablar en andaluz es hablar mal. Desde siempre, nos fueron inculcando esa historia sesgada; obviaron la filosofía, enseñando sólo el más burdo idealismo platónico, cuando no la religión o la metafísica; desligaron y aislaron la literatura de su contexto socio-histórico. 

Si educar es, etimológicamente, enseñar a pensar, ellos no nos educaron. A lo sumo nos instruyeron, lo justo en edad para poder decir que el trabajo infantil está casi erradicado en el Estado español. Nos separaron en itinerarios (profesionales, científico- tecnológicos y humanísticos) para adaptarnos a las exigencias del mercado, anularon nuestra curiosidad innata. La escuela se fue perfeccionando como el mejor método de control social. 

Los pocos elegidos que, finalmente, y con un nivel cultural que raya el de una revista de prensa rosa, decidimos ir a la universidad, nos encontramos con un apestoso negocio que, en coincidencia con los intereses del Estado, y en lugar de tratar de formarnos, nos convierte en meras piezas dentro del mismo engranaje económico que nos mantiene hipotecados y precarizados de por vida.  

Pero que nadie se preocupe, porque, una vez más, Europa ha venido a salvarnos, como con la subida de precios tras la entrada del Euro o como cuando aumentamos el gasto militar a cambio de recortar nuestros derechos laborales (¡qué chollo!) por medio del referéndum de la constitución europea. La nueva se llama Plan de Bolonia. ¡No se lo pierdan! Observen la maravilla que, a menos que nos movilicemos de inmediato, nos espera detrás de la esquina:

 Aumentará el precio de los créditos (eurocréditos), que, además, al ser comunes a toda Europa, ayudarán a liquidar mejor la diversidad cultural y regional de Europa, como parte del proceso de instalación de un pensamiento único (pensamiento cero). 

Ya no habrá licenciaturas ni nada de eso (quita, quita). Ahora tendremos Grados y Posgrados. Si haces un grado, no sabrás mucho más que si buscas el nombre de la materia escogida en la enciclopedia. Y el posgrado, que equivaldrá en conocimientos a las actuales licenciaturas, será tan caro que sólo podrán hacerlo los hijos de los ricos. Sus contenidos serán financiados y decididos por empresas privadas.

 ¿Humanidades? Fuera. Cierre de titulaciones. Mejor ingenieros, para hacer nuevas urbanizaciones con piscina y campo de golf, que es lo que beneficia a los empresarios, oligarcas y especuladores que controlan Europa y el mundo y que están detrás de todo esto. Pero ¿cuál es su táctica? Introducir las reformas poco a poco (y por decreto, cosa que, por lo visto, no es incompatible con eso que llaman "democracia"), prolongarlas en el tiempo para que sea más difícil rebelarse y unirse contra ellas.  

Debemos atacar. Si no es por nosotros, por nuestros hijos. Infórmate en tu delegación, en los carteles que veas por el pasillo. Vale la pena traspasar la pasividad inducida y arrojar nuestro repudio organizado contra este mundo de pesadilla que han diseñado para nosotros.

 

La mujer, colectivo oprimido

Basta con poner un pie en la calle (aunque a veces no es necesario ni eso), trabajar o hablar con cualquiera para darme cuenta de que estoy un peldaño (o un abismo, según el caso) por debajo de cualquier hombre. No es porque yo lo quiera, sino porque se nos ha impuesto así a las mujeres por el mero hecho de serlo.

Se dice, se habla, se legisla que nosotras somos iguales en derechos a los hombres y que tenemos exactamente las mismas oportunidades, como también se le reconoce el mismo derecho a la vida a un africano y a mí y obviamente no son situaciones equiparables. Se trata de papel mojado que está ahí para callar bocas.

Los poderes públicos se han ocupado de rellenar este papel, no se vaya a decir que vivimos en un Estado atrasado; pero nadie se preocupa de corregir los desequilibrios existentes en la práctica entre hombres y mujeres, y que vienen causados por la cultura patriarcal que ha imperado en nuestro país durante siglos.

La solución no está en sacar más y más leyes políticamente correctas, sino en coger el problema de raíz, empezando por la educación que se da en los colegios, en la cual se desoyen movimientos de relevancia social como el feminista y a mujeres que, como escritoras, artistas, científicas, también deberían aparecer en los libros, y no aparecen.

Es gracias a todas ellas (entre otras) que se atrevieron a saltar la barrera visible o invisible impuesta que hoy, al menos, nuestros derechos están reconocidos. Estas mujeres, como tantas otras en la actualidad, principalmente actuaron. Hoy no nos toca el escalón del reconocimiento en la norma, sino el del reconocimiento y el respeto social, y esto no se hace solamente en casa estudiando una carrera o trabajando, sino alzando la voz cuando alguien nos agrede física o verbalmente por nuestro sexo o cuando se nos paga menos porque somos mujeres.

La barrera que tenemos personalmente que saltar nosotras es invisible: es el miedo al que dirán de mí: me llamarán radical, feminista... Supongo que sobra mencionar la diferencia existente entre "feministas" y "hembristas", de tal modo que las primeras abogan por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y las segundas son el extremo opuesto al machismo. Es por ello que los medios de comunicación, sectores sociales, etc. suelen mal utilizar el término "feminista", confundiéndolo, intencionadamente o no, con el término "hembrista".

Que a las mujeres se nos respete o no por lo que somos y con independencia de nuestro sexo es algo que no se consigue en dos días, sino que, por el contrario, se construye diariamente. Pero este camino cada vez se hace más difícil si no contamos con el resto de mujeres (a la inmensa mayoría le han metido en la cabeza que decir "feminista" o simplemente reivindicar justicia es nombrar al diablo) y también con los hombres. Esta no es una lucha independiente de ellos, como no lo es la de los negros, la de homosexuales, etc., respecto de las personas que no lo son; con esas luchas ganamos todos, y ganamos en libertad y dignidad. La lucha de las mujeres es más difícil que la de estos colectivos discriminados, porque en ellos la mujer también sufre marginación y maltrato. Como dijo Dolores Ibarruri, “muda por ser obrera; doblemente muda por ser mujer”. Así la mujer se enfrenta con este doble problema en muchas ocasiones.

Esta es la realidad por encima de la ley: que la violencia contra las mujeres se da en el ámbito doméstico (cuestión a la que se le da más tintes de reportaje sensacionalista que soluciones), en la calle, en el trabajo y en la publicidad (recordemos que la industria de la belleza necesita acomplejadas); y que no sólo se manifiesta en forma de puño sino también en ataques verbales directos o indirectos.

Parafraseando a Blas de Otero, tenemos que estar en pie de paz pero en pie.

Ah, por cierto, me importa un bledo que se vaya a reformar la Constitución para que las señoritas de la familia real puedan acceder al trono sin discriminación respecto a los señoritos de la misma. Desde luego ésta no es ninguna conquista para nuestro género sino para cuatro; y lo que no nos sirve a todas no es ningún paso adelante sino hacia atrás.

El derecho de autodeterminación de las naciones

A pesar del clima político chovinista y crecientemente represivo que vivimos, consideramos que, si no queremos que dentro de unos años se nos caiga la cara de vergüenza, tenemos que seguir defendiendo con valentía y sin ambages el derecho de autodeterminación.

Este principio implica algo tan sencillo y tan de sentido común como que un pueblo debe decidir en libre referéndum si desea o no seguir formando parte de un Estado, así como qué modelo económico, político o cultural desea desarrollar. Esta reivindicación no implica una lucha por la independencia, como dirán algunos, sino simplemente el derecho a decidir. Así, según este principio, habría que aceptar, independiente de que nos gustara o no, la decisión soberana de una nación para unirse a o separarse de cualquier Estado.

En un referéndum, decide la mayoría. Obviamente, el consenso es lo ideal; pero más obvio aún es que, cuando el deseo de la minoría prevalece sobre el de la mayoría, la injusticia es mayor. Esto, que hasta un niño de 5 años podría entender, y que incluso está teóricamente reconocido por la ONU y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, para otros es la peor de las herejías, obsesionados como están por la unidad de España.

Pero es que España no es (ni ha sido nunca) una nación, atendiendo a la propia definición de nación. Una nación es, antropológicamente, una unidad de cultura, de costumbres, de territorio, de lengua, de gastronomía, de psicología, etc. España, como otros de Europa, es un Estado plurinacional.


Para nosotros, sus naciones (ya sea por referéndum, ya sea, si no se les permite de ese modo, por vía revolucionaria) han de decidir libremente su destino, bien sea para independizarse o para seguir formando parte del Estado español, Estado que, pese a las mentiras de Jiménez Losantos y la derecha reaccionaria, sólo tiene tres siglos de historia, remontándose su origen a los borbones, ya que antes, con los Reyes Católicos, lo que había eran varios reinos bajo una misma corona.

En nuestro caso, el de Andalucía, la conquista castellana de los siglos XIII-XV tuvo, aparte de la expulsión de los musulmanes y judíos, otra nefasta consecuencia cuyos efectos acarreamos hasta la actualidad: sembró las semillas del latifundio. Económicamente, el Estado español orienta hoy día nuestra economía hacia los servicios turísticos y la exportación de productos agroalimentarios. Europa limita nuestra pesca y la producción de aceite de oliva: nos hacen con ello dependientes. No por casualidad, en todos los índices, Andalucía demuestra ser, junto a Extremadura, la nación más subdesarrollada del Estado español, aunque, lógicamente, ni el trabajador castellano tiene la culpa de esto, ni el empresario andaluz deja de ser responsable.

Por lo demás, los medios de comunicación siguen humillando cotidianamente nuestra modalidad lingüística. Se nos ha arrebatado cuando no banalizado (con la connivencia nuestros propios señoritos) parte de nuestro patrimonio cultural: el flamenco, presentándolo como “español”, cuando es totalmente ajeno de Despeñaperros para arriba. Limitan nuestra imagen cultural al más exagerado folclore, y olvidan a Lorca, Juan Ramón, Alberti, Cernuda, Aleixandre, Machado…

Hay quien, al escuchar la palabra España, se lleva la mano al pecho. Otros, nos la llevamos a la cartera, porque sabemos que pretenden robarnos nuestro pan o nuestra identidad.

Apuntes sobre los sucesos de Francia

Durante los pasados meses de febrero y marzo, las ciudades francesas se vieron desbordadas por la presión de miles de manifestantes que salieron a la calle contra el Contrato de Primer Empleo (CPE) que se les venía encima y que dejaba las manos libres a los empresarios a la hora de despedir a quien entraba en lo que ellos llaman "mercado laboral". Con esta ley se aseguraban los beneficios de la burguesía que, amparada en la ley, que, como siempre, está del lado del poderoso, no tendría que indemnizar ya a los despedidos durante los dos primeros años de contrato.

Sin embargo, una vez más, podemos comprobar que no está todo perdido, que la lucha consciente de las masas oprimidas por el sistema capitalista y sus esbirros puede ser efectiva y lograr sus objetivos si tod@s l@s que sentimos que este orden social no es más que una farsa nos unimos. Una vez más, hemos visto cómo los desfavorecidos han arrastrado a las elites burguesas de los sindicatos a una lucha sin cuartel contra el gobierno, ese que trató de imponerles una ley que hacía más precaria aún la situación laboral de la juventud francesa.

Aun así, después de volver a ver cómo es posible vencer al capital y a sus gobiernos en sus continuos intentos por arrancarnos una porción más grande de nuestro trabajo, vemos cómo después de conseguidos los objetivos, en este caso la derogación del CPE (si bien hay que decir que el CNE, Contrato de Nuevo Empleo, supone lo mismo que el CPE), el ambiente de lucha desaparece y la unidad conseguida se viene abajo. El conformismo vuelve a imperar en las calles francesas. El carnaval de siglas que aparecieron unidas en las manifestaciones vuelven a aparecer divididas (e incluso enfrentadas en muchos casos).

Es por ello que nos gustaría hacer un llamamiento por la unidad efectiva de las organizaciones contrarias al orden social imperante. Es por ello por lo que apostamos por el fin del proselitismo entre las distintas tendencias anticapitalistas y por la superación de los matices absurdos que nos mantienen dividid@s y a cada un@ en su casa. Es por ello por lo que desde las páginas de esta humilde publicación llamamos a las cosas por su nombre y decimos que la división reinante en el conjunto del movimiento anticapitalista (si es que este existe) no beneficia más que a la burguesía y a su Estado, que se ven cada vez más libres para hacer con el conjunto de la población simplemente lo que les salga de las narices.

No todo está perdido, pero tampoco ganado. De nosotr@s depende para qué lado se incline la balanza. No hay alternativa: o yunque o martillo. Nuestro es el deber de seguir el ejemplo de l@s compañer@s franceses/as, porque sólo si vamos todos a una podremos conseguir arrancar al capital mejores condiciones de vida e incluso construir algún día el mundo nuevo con el que tant@s han soñado antes que nosotr@s. Y es que es nuestro deber recoger el testigo para que sus ideas, nuestras ideas, no se pierdan en el olvido.

El libre acceso a la cultura: Piratéalos

Cuando compras un disco, no estás beneficiando a la cultura musical. Estas beneficiando a las grandes multinacionales discográficas: MCA Records, Sony Music Entertainment (la cual compró la CBS, antes Columbia Records), Warner Brothers Records, Capital EMI Records, Polygram Records y BMG Music. Detrás de ellas se esconden, no sólo una industria musical, sino incluso emisoras de radio y televisión, productoras de cine, investigación médica y militar, etc... y sus beneficios, en algunos casos, ascienden a más de 30 billones de dólares anuales.

La SGAE (Sociedad General de Autores y Editores), sí, esos que se colaron en una boda con una cámara oculta para denunciar a una orquesta por tocar “Paquito el chocolatero”, entidad que vela por los intereses de sus usuarios en cuanto a derechos de autor y gran detractora de la piratería basándose en las pérdidas monetarias que ésta conlleva, obtuvo el pasado año 320 millones de beneficios en derechos, lo que ha supuesto un nuevo récord de ingresos en la historia de la entidad, generando como mínimo 7.000 millones en la cadena de valor añadido (según palabras del mismo presidente de la SGAE).

No contentos con esto, aún imponen un canon sobre los Cds y DVDs vírgenes, obteniendo un tanto por ciento de beneficio por cada unidad vendida, sea cual sea el uso para el que sea destinado. Actualmente, se encuentra en borrador la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, que amplía el supuesto del canon extendiéndose no sólo a soportes de grabación sino también a las unidades grabadoras, véase ordenadores con más de una unidad de grabación, fotocopiadoras...

Como dice David Bravo en "Copia este libro", la piratería es hija de un sistema que ha condenado al hambre cultural a la mayor parte de la población. Un músico no sería lo que es sin todo lo que ha escuchado, no tendría un estilo propio sin haber adaptado estilos que otros ya han inventado y que son fruto de la evolución durante años de estilos y del trabajo de otros músicos. Un músico no paga derechos de autor a todos aquellos a los que les debe el que actualmente sea lo que es. El libre acceso a la cultura no hace sino enriquecernos y permitirnos un libre desarrollo personal, ya que en gran parte somos como somos gracias a todo lo que hemos ido asimilando durante años.

Sin embargo, bien sabemos que el objetivo de las discográficas no es otro que el de vender. Conscientes de ello, y sabiendo que hay ciertos temas y formas de pensar que dificultan este objetivo, sabiendo que podrían crear un pensamiento crítico que se volvería contra ellos mismos, nos adormecen con banalidades y temas que no expresan absolutamente nada.

Hay otra alternativa posible a todo esto. Existen otros medios de difusión, otras licencias al margen de la SGAE. El Copyleft nos permite que cada propietario de una copia del trabajo pueda: usarla sin ninguna limitación, redistribuirla en cuantas copias desee y modificarla de la manera que crea conveniente. La licencia debe además asegurar que el propietario del trabajo derivado lo distribuirá bajo el mismo tipo de licencia (la creación se defiende compartiéndola). Creative Commons nos da un total de seis licencias para escoger:

- Reconocimiento: El material creado por un artista puede ser distribuido, copiado y exhibido por terceras personas si se muestra en los créditos.
- No Comercial: El material original y los trabajos derivados pueden ser distribuidos, copiados y exhibidos mientras su uso no sea comercial.
- Sin Obra Derivada: El material creado por un artista puede ser distribuido, copiado y exhibido pero no se puede utilizar para crear un trabajo derivado del original.
- Compartir Igual: El material creado por un artista puede ser modificado y distribuido pero bajo la misma licencia que el material original.

Con estas cuatro condiciones combinadas se pueden generar las seis licencias que hay para escoger. Además, existe todo un mundo de distribuidoras alternativas que están al margen de todo este negocio musical y que te permiten autogestionar tu arte.

No podemos dejarnos engañar con ese cuento de que la piratería matará al arte. Y es que, como leí una vez, la música está viva. Sólo se mueren los discos.

LA REFORMA LABORAL


En estos días se presenta una nueva Reforma Laboral. Según la versión oficial (es decir, la del gobierno y los empresarios) dicha reforma, como todas las anteriores, se justifica por “la necesidad de aumentar la competitividad de la economía española”.

Pero, bajo el capitalismo, la economía de un país no es algo unitario: hay clases sociales con intereses objetivamente contrapuestos. Además, aun admitiendo por un momento la lógica de la competencia y del liberalismo, ¿por qué no proponen incrementarla aumentando el gasto en investigación y desarrollo, infraestructuras y educación? Pura hipocresía.

Posiblemente pensarás que esta reforma, a ti, no te afecta, pero desgraciadamente la realidad es bien distinta. Te presentamos las nuevas condiciones que tendrá tu próximo contrato laboral:

1º Si ahora mismo tienes un contrato laboral fijo (por cierto, dime cómo lo has conseguido) y te quieren despedir, por cada año que hayas pasado trabajando para esa empresa tendrás derecho a que te paguen 45 días de sueldo. Pero, dentro de poco, si se aprueba esta reforma, sólo te darán 33 días… Es decir, si ganas 30 euros diarios y te despiden, cobrarás 360 euros menos.

2º Si todavía no tienes un contrato laboral fijo y vas a firmar uno después de la reforma, para el empresario, eres un trabajador de oferta: el primer año sólo le costará 8 días despedirte, el segundo 10, el tercero 12 y el cuarto 13, 5. Imagínate que tienes un contrato temporal durante dos años y que llega el ansiado y milagroso momento en que te hacen fijo… necesitas trabajar seis años (dos temporales y cuatro “fijos”) en la empresa, para ser un trabajador con todos los derechos. Hasta entonces (¡qué bien!), estarás en oferta para el empresario.

3º Si permitimos que se apruebe esta reforma, los empresarios pagarán un 3% menos de la cotización empresarial a la Seguridad Social. A fin de mes, tu cuota de la seguridad social la pagaréis entre tu empresario y tú; y como, según este proyecto, el empresario es un pobre desvalido y a ti te sobra el dinero, pues ha fijado que el empresario pague un porcentaje menor de tu Seguridad Social. ¡Lógico!

4º Hasta ahora, si tu empresa quería despedirte junto a otros trabajadores (despido colectivo), tropezaba con dos requisitos: autorización administrativa y gastos adicionales. Sin embargo, con la propuesta de reforma, un despido colectivo se convertirá en una suma de muchos despidos individuales, porque estos requisitos, simplemente, desaparecerán.

Dime, ¿te gustan tus nuevas condiciones de trabajo? Pues esto es sólo el principio. La propuesta de reforma nos reserva otras sorpresas, como que se amplía el ámbito de actuación de las ETTs, llegando a la minería, la obra y la administración pública… Lo cual, teniendo en cuenta que hay una relación entre temporalidad e inseguridad laboral (si trabajas en una ETT, las posibilidades estadísticas de que sufras un accidente son mayores) es un disparate.

Las burocracias sindicales de UGT y CC OO, traicionando una vez más a los trabajadores, dan por buena la reforma, pero nosotros ¿qué vamos a hacer? Al igual que los jóvenes franceses, que han tumbado con su lucha el Contrato de Primer Empleo, necesitamos movilizarnos y organizarnos.

No hay que olvidar que, desde los años 70, cada Reforma Laboral ha sido peor que las anteriores. Esto sin duda se debe a la creciente pasividad de la sociedad, garantizada también por los medios de comunicación: armas de manipulación masiva. Así pues, superemos esta ceguera impuesta: movilicémonos contra la nueva Reforma Laboral de la patronal y el PSOE.